Durante años se ha hablado del embarazo desde una perspectiva muy física, casi siempre centrada en los cambios corporales visibles o externos, como el peso, la barriga y su diástasis, la ganancia de grasa, el suelo pélvico, la lactancia, el dolor lumbar o la vuelta al entrenamiento. Evidentemente importa, pero actualmente se habla de una parte importante, como el embarazo cambia el cerebro.
La maternidad es una de las etapas de mayor plasticidad cerebral de la vida adulta femenina. Durante el embarazo y el posparto se produce una reorganización del sistema nervioso influida por hormonas, sueño, estrés, vínculo, lactancia, carga emocional, demanda sensorial, cambios en la identidad y adaptación a una vida completamente distinta.
Muchas mujeres lo describimos como “siento que soy otra”, pero desde el punto de vista neurobiológico, esto no es una exageración.
EL EMBARAZO REORGANIZA EL CEREBRO
Durante mucho tiempo, los cambios cognitivos y emocionales del embarazo se han reducido a expresiones como “mom brain”, “cerebro de embarazada”, para designar en parte a la pérdida de memoria, torpeza mental o cansancio. Sin embargo, la evidencia actual apunta a que no es deterioro, sino una reoganización del cerebro.
En 2024, Pritschet y colaboradores publicaron en Nature Neuroscience uno de los trabajos más llamativos sobre este tema. Realizaron un seguimiento intensivo de una mujer desde antes de la concepción hasta dos años después del parto, con 26 resonancias magnéticas y mediciones hormonales a lo largo del proceso. Observaron cambios neuroanatómicos amplios, incluyendo reducción de volumen de sustancia gris y grosor cortical en distintas regiones, aumento transitorio de la integridad microestructural de la sustancia blanca, y modificaciones en líquido cefalorraquídeo y ventrículos. Estos cambios aparecían en paralelo a la evolución hormonal de la gestación, especialmente estradiol y progesterona, y algunos persistían en el posparto mientras otros tendían a revertir parcialmente (Pritschet et al., 2024).
REDUCIÓN DE LA SUSTANCIA GRIS
Una reducción de volumen o grosor cortical no tiene que ser algo negativo, puede reflejar procesos de refinamiento, especialización, poda sináptica o mayor eficiencia de determinadas redes, dependiendo del contexto, la región cerebral y la etapa vital.
Servin-Barthet y colaboradores publicaron en 2025 un estudio en Nature Communications donde describieron que la sustancia gris disminuía durante la gestación y mostraba una recuperación parcial después del parto. Lo interesante es que estos cambios se relacionaban con factores hormonales y con variables de vínculo materno, lo que refuerza la idea de que el embarazo no es solo un evento corporal, sino una transición neurobiológica completa (Servin-Barthet et al., 2025).
Esto no significa que todas las mujeres vivan el embarazo de la misma forma, ni que todos los cambios cerebrales sean automáticamente positivos. La experiencia real también depende del sueño, el apoyo social, el estrés, el dolor, el tipo de parto, la lactancia, la salud mental previa, la carga de cuidados y el contexto de vida. Pero sí permite desmontar una idea muy importante: que el cerebro materno cambia no significa que empeore, sino que se adapta a nuevas demandas biológicas, emocionales y sociales.
HORMONAS, PLACENTA Y NEUROPLASTICIDAD
Cuando se habla de embarazo, muchas veces se dice simplemente que “suben los estrógenos”, pero esta frase se queda muy corta. Durante la gestación cambia todo el entorno endocrino: estrógenos, progesterona, cortisol, oxitocina, prolactina, neuroesteroides, señalización placentaria, metabolismo energético, sistema inmune y sensibilidad cerebral a diferentes estímulos.
Además, no todos los estrógenos son iguales. En la vida fértil no gestante, el estradiol es el estrógeno más potente y característico del ciclo menstrual. Durante el embarazo, en cambio es el estriol, producido en gran parte a través de la unidad feto-placentaria. Por eso, los titulares virales que hablan de equivalentes a décadas (casi 60 años) de exposición a estrógenos durante el embarazo pueden resultar muy confusos, sesgados o mal interpretados si no explican qué tipo de estrógeno está predominando, qué potencia biológica tiene, qué receptor activa, en qué tejido actúa y en qué contexto fisiológico ocurre.
Este punto es importante porque el embarazo no debe interpretarse como una especie de exposición masiva a hormonas, sino como un estado endocrino complejo y altamente regulado, diseñado para sostener la gestación, preparar el parto, modular la conducta maternal y adaptar múltiples sistemas del cuerpo.
Una revisión reciente de Zamora-Sánchez y colaboradores (2025) sobre neuroesteroides en la unidad materno-placentaria-fetal explica que estos compuestos participan en procesos clave del neurodesarrollo fetal.
EL EJERCICIO COMO POSIBLE MODULADOR
Si el embarazo es una etapa de enorme plasticidad cerebral, y el ejercicio físico es capaz de modular inflamación, sensibilidad a la insulina, función vascular, estrés, sueño, factores neurotróficos y salud mental en otras etapas de la vida, seguramente también influya para mejorar las nuevas adaptaciones.
El ejercicio no solo es una herramienta para controlar el peso, prevenir diabetes gestacional o mejorar el parto, sino que es un posible soporte fisiológico en una etapa donde el cerebro, el sistema endocrino, el sistema inmune y la identidad de la mujer están reorganizándose.
ENTRENAR EN EMBARAZO Y POSPARTO
Uno de los grandes errores del fitness actual es comunicar el ejercicio en embarazo y posparto desde la estética o desde la urgencia por recuperar el cuerpo. Debe acompañarse en una nueva etapa y olvidarnos de la presión estética o volver a lo que nunca ya seremos.
El movimiento bien pautado puede ayudar a modular el estrés, mejorar la regulación emocional, preservar masa muscular, sostener la función cardiovascular, reducir dolor, mejorar percepción corporal, favorecer el descanso cuando es posible y recuperar progresivamente la confianza física. Pero todo esto debe hacerse respetando y ajustándose al momento y el estado en el que está, así como el contexto familiar.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en British Journal of Sports Medicine encontró que el ejercicio posparto se asoció con reducción de síntomas depresivos y ansiosos, y con menor probabilidad de depresión posparto (Deprato et al., 2025). El ejercicio puede ser una herramienta terapéutica y preventiva, siempre que se introduzca de forma progresiva, realista y adaptada, sin someternos a más presión.
LA MATERNIDAD TODO LO CAMBIA
Cuando una mujer entra en la maternidad, no solo cambia su cuerpo, cambia su sueño, su sistema nervioso, su tiempo disponible, su identidad, su entorno hormonal, su sensibilidad emocional, su carga mental. Por eso no se puede hablar de ejercicio en embarazo y posparto desde el físico, porque la normalidad anterior no siempre vuelve, tampoco se es exactamente la misma; pero eso no tiene por qué ser negativo.
La maternidad es una etapa de reorganización profunda, donde el cuerpo y el cerebro se ajustan a una nueva realidad. El ejercicio, bien planteado, puede ayudar a que esa transición sea más estable y más saludable, una manera de dedicarnos un tiempo para sentirnos mejor.
CONCLUSIÓN
El embarazo no es solo una etapa de cambios físicos visibles. Es una transición neuroendocrina, psicológica, inmunológica y social. El cerebro materno cambia, se reorganiza y se adapta a una nueva realidad, y aunque todavía queda mucho por investigar sobre cómo el ejercicio influye directamente en esa plasticidad cerebral, la línea es suficientemente interesante como para cambiar el discurso.
Entrenar durante el embarazo y el posparto no debería comunicarse como una forma de mantener el físico o volver cuanto antes a ser la de antes. Debería entenderse como una herramienta de salud, regulación emocional, fisiológica, identidad corporal y acompañamiento de una de las etapas más complejas de la vida femenina, sin generar más exigencias.
BIBLIOGRAFÍA
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Barrett, C. M. E., Zeidy, Z., Farrell, A., Cahill, L., & Wadden, K. P. (2025). Maternal brain plasticity, physiology and exercise science: A scoping narrative review. Frontiers in Neuroendocrinology, 77, 101185.
Deprato, A., et al. (2025). Impact of postpartum physical activity on maternal depression and anxiety: A systematic review and meta-analysis. British Journal of Sports Medicine.
Mottola, M. F., Davenport, M. H., Ruchat, S. M., et al. (2018). 2019 Canadian guideline for physical activity throughout pregnancy. British Journal of Sports Medicine, 52(21), 1339–1346.
Pritschet, L., et al. (2024). Neuroanatomical changes observed over the course of a human pregnancy. Nature Neuroscience.
Servin-Barthet, C., Martínez-García, M., Paternina-Die, M., Marcos-Vidal, L., Martín de Blas, D., Soler, A., Khymenets, O., Bergé, D., Casals, G., Prats, P., Pozo, O. J., Pretus, C., Carmona, S., & Vilarroya, O. (2025). Pregnancy entails a U-shaped trajectory in human brain structure linked to hormones and maternal attachment. Nature Communications, 16, 730.
Zamora-Sánchez, C. J., et al. (2025). Neuroactive steroids in the programming of fetal brain development. Frontiers in Endocrinology.
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