El consumo excesivo de azúcar añadido y de carbohidratos refinados se ha asociado de forma consistente con un estado inflamatorio crónico de bajo grado, que contribuye al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas, neurodegenerativas y ciertos tipos de cáncer.
Numerosos estudios han demostrado que una dieta alta en azúcares simples conduce a obesidad, resistencia a la insulina, disbiosis intestinal, aumento de la permeabilidad intestinal y elevación de marcadores inflamatorios. Por ejemplo, el consumo de 50 gramos de pan blanco —una fuente común de carbohidratos refinados— se ha vinculado a un aumento agudo de glucemia y a una activación del factor nuclear kappa B (NF-κB), un importante regulador de la respuesta inflamatoria (Rogers et al., 2023).
Mecanismos por los cuales el azúcar promueve inflamación
- Producción excesiva de AGEs (productos finales de glicación avanzada): se forman por la reacción no enzimática entre azúcares y proteínas/lípidos, generando radicales libres y activando vías inflamatorias (Goldin et al., 2024).
- Aumento de la permeabilidad intestinal: una microbiota alterada por una dieta alta en azúcar favorece el paso de endotoxinas, toxinas y fragmentos alimentarios al torrente sanguíneo, desencadenando inflamación sistémica (Leclercq et al., 2025).
- Elevación del colesterol LDL y de la proteína C reactiva (PCR): ambos biomarcadores están estrechamente ligados al riesgo cardiovascular y al estado inflamatorio crónico.
- Incremento de la adiposidad: el exceso de azúcar y carbohidratos refinados promueve el aumento de grasa corporal, particularmente visceral, que actúa como tejido endocrino proinflamatorio.
- Respuesta inflamatoria en el hipotálamo: el azúcar induce inflamación neuronal que afecta la sensibilidad a la leptina, promoviendo hiperfagia, resistencia a la saciedad y obesidad central (Thaler et al., 2024).
- Disminución de la autofagia y estrés del retículo endoplásmico: ambos procesos están involucrados en la regulación celular y la homeostasis metabólica. Su disfunción favorece inflamación, envejecimiento celular y progresión de enfermedades crónicas.
A largo plazo, este entorno inflamatorio sostenido puede dañar el ADN, las membranas celulares y las mitocondrias, elevando el riesgo de cáncer, deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Impacto en la salud cognitiva y metabólica
Estudios recientes han mostrado que una dieta rica en azúcares y grasas saturadas de origen procesado puede deteriorar la memoria episódica incluso en individuos sanos, y reducir la sensibilidad a señales internas de hambre y saciedad (Beilharz et al., 2023). La obesidad inducida por este patrón dietético se ha relacionado con una mayor prevalencia de deterioro cognitivo, demencia y alteraciones estructurales en el hipocampo.
Asimismo, una dieta con alto índice glucémico y pobre en fibra se asocia con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, tanto por la sobrecarga pancreática como por su efecto en la resistencia a la insulina y el desequilibrio del eje intestino-cerebro.
Rol de la microbiota intestinal
El consumo elevado de azúcares simples altera significativamente la composición de la microbiota, reduciendo especies beneficiosas como Bifidobacterium y Faecalibacterium prausnitzii, e incrementando microorganismos proinflamatorios. Este desequilibrio intestinal está implicado en el desarrollo de enfermedades metabólicas y trastornos del estado de ánimo (Zhang et al., 2025).
Azúcar añadido vs. azúcares naturales
Es importante diferenciar entre azúcar añadido (presente en alimentos y bebidas procesadas) y azúcar natural (como la fructosa de la fruta o la lactosa de los lácteos). Mientras que el primero se asocia con inflamación y enfermedades crónicas, los azúcares naturales forman parte de una matriz alimentaria rica en fitoquímicos, fibra, antioxidantes y polifenoles, los cuales ejercen efectos antiinflamatorios, antioxidantes y protectores para la salud.
Recomendaciones prácticas para reducir la inflamación
Para disminuir los niveles de inflamación crónica, se recomienda adoptar un enfoque integral que incluya:
- Disminuir o eliminar el consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas.
- Sustituir azúcares añadidos por carbohidratos complejos y fuentes integrales ricas en fibra.
- Incluir frutas, verduras, legumbres y alimentos ricos en polifenoles (cacao puro, té verde, frutos rojos).
- Aumentar el consumo de grasas saludables, especialmente ácidos grasos omega-3.
- Realizar ejercicio físico regular, dormir adecuadamente y gestionar el estrés de forma activa.
- Evitar el tabaquismo y el consumo crónico de alcohol, que también promueven inflamación.
Referencias
- Goldin, A., et al. (2024). Advanced glycation end products and their role in inflammation and chronic disease. Journal of Inflammation Research.
- Rogers, A.M., et al. (2023). Refined carbohydrate intake and inflammatory markers in healthy adults. Nutrition & Metabolism.
- Thaler, J.P., et al. (2024). Hypothalamic inflammation and leptin resistance: a new pathway to obesity. Nature Reviews Neuroscience.
- Leclercq, S., et al. (2025). Dietary sugar intake, gut permeability, and systemic inflammation: insights from recent studies. Frontiers in Nutrition.
- Beilharz, J.E., et al. (2023). Diet-induced cognitive impairment: the influence of saturated fat and sugar on memory and brain inflammation. Neuroscience & Biobehavioral Reviews.
- Zhang, J., et al. (2025). Sugar, microbiota, and metabolic disease: from dysbiosis to inflammation. Gut Microbes.
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