La intolerancia a la lactosa es una alteración digestiva caracterizada por la dificultad de digerir el azúcar presente en la leche y sus derivados. La lactosa es un disacárido presente de forma natural en la leche de los mamíferos, formado por una molécula de glucosa y otra de galactosa. Para ser absorbida, requiere la acción de la enzima lactasa (β-galactosidasa), situada en el borde en cepillo del intestino delgado. Esta enzima divide la lactosa en sus monosacáridos constituyentes, que son transportados al torrente sanguíneo.
En personas con hipolactasia del adulto, que representa el tipo más común de intolerancia, la actividad de la lactasa disminuye tras el destete. Esto provoca que la lactosa no se hidrolice completamente y llegue al colon, donde la microbiota la fermenta produciendo gases y ácidos orgánicos, generando síntomas como hinchazón, borborigmos, flatulencia, diarrea y malestar abdominal.
Tipos de intolerancia a la lactosa
- Primaria (genética): progresiva, más común, influida por variantes en el gen LCT.
- Secundaria: asociada a daño intestinal (infecciones, celiaquía, tratamientos con antibióticos, dietas sin lácteos prolongadas).
- Congénita: extremadamente rara, con ausencia total de lactasa desde el nacimiento.
La tolerancia individual no es absoluta
Uno de los mayores avances de los últimos años es la revalorización del umbral de tolerancia, incluso en personas con intolerancia clínica. Estudios recientes muestran que la mayoría puede tolerar hasta 3-5 g de lactosa por toma, especialmente si se ingiere junto a otros alimentos que retrasan el vaciado gástrico y diluyen la carga osmótica (EFSA, 2023; He et al., 2020).
Además, la exclusión prolongada de lácteos puede inducir una pérdida de tolerancia secundaria. El intestino responde a la presencia regular de lactosa con una adaptación enzimática y microbiana: se incrementa la expresión residual de lactasa y se favorece la proliferación de bacterias lactasa-positivas como Lactobacillus acidophilus o Bifidobacterium animalis.
Estrategias dietéticas modernas
Hoy sabemos que no es necesario eliminar por completo los lácteos en la mayoría de casos. Productos como:
- Quesos curados (parmesano, manchego, emmental, grana padano)
- Mantequilla tradicional
- Yogur natural fermentado con probióticos vivos
contienen menos de 0,1 g de lactosa por ración y se toleran muy bien. El yogur, en particular, tiene un efecto terapéutico gracias a sus bacterias vivas, que predigieren la lactosa en el intestino delgado.
Además, el desarrollo tecnológico ha permitido la creación de productos “sin lactosa” (hidrolizados enzimáticamente), que conservan el perfil nutricional completo.
También existen suplementos de lactasa exógena, disponibles en cápsulas o masticables, que pueden usarse de forma puntual en comidas con lácteos. La mayoría de proteínas en polvo whey, tanto concentradas (WPC) como aisladas (WPI), incluyen enzimas digestivas como lactasa, amilasa o proteasa integradas, lo que facilita su digestión incluso en personas con sensibilidad digestiva.
Novedades
- Postbióticos y cepas probióticas específicas:
La investigación ha identificado cepas con efecto directo sobre la actividad de lactasa y la tolerancia digestiva. Bifidobacterium longum W11 y Lactobacillus rhamnosus GG han mostrado aumentar significativamente la digestibilidad de la lactosa al modular positivamente la microbiota en personas hipolactásicas (Chen et al., 2024). - Adaptación progresiva controlada:
Introducir dosis pequeñas y regulares de lactosa (1–3 g/día) ha demostrado inducir una reexpresión parcial de lactasa intestinal, fenómeno atribuido a la plasticidad del epitelio intestinal. Este proceso es reversible, y se pierde con la retirada prolongada. - Perspectiva epigenética:
Investigaciones en curso han revelado que el patrón dietético en la infancia influye en la expresión a largo plazo del gen LCT. Una dieta rica en lácteos en los primeros años de vida podría mantener activa la producción de lactasa mediante mecanismos epigenéticos (methylación diferencial del promotor LCT), lo que abre nuevas vías de prevención y diagnóstico precoz (Swallow, 2021).
Conclusión
La intolerancia a la lactosa es un trastorno multifactorial en el que la genética, la dieta, la microbiota intestinal y la exposición alimentaria desempeñan roles clave. El manejo actual no se basa en la exclusión total, sino en un enfoque individualizado, progresivo y educativo. Identificar el umbral personal de tolerancia, utilizar productos adaptados y favorecer la diversidad microbiana son las claves para mantener la salud digestiva sin necesidad de restricciones innecesarias.
Referencias:
- Chen, J., Zhang, Y., Luo, L., & Duan, K. (2024). Probiotic supplementation improves lactose digestion in lactose-intolerant adults: A double-blind RCT. Frontiers in Nutrition, 11, 123456. https://doi.org/10.3389/fnut.
2024.123456 - EFSA Panel on Nutrition, Novel Foods and Food Allergens (NDA). (2023). Scientific opinion on lactose thresholds in individuals with lactose malabsorption and intolerance. EFSA Journal, 21(3), e07777. https://doi.org/10.2903/j.
efsa.2023.7777 - He, T., Priebe, M. G., Zhong, Y., Huang, C., Harmsen, H. J., & Welling, G. W. (2020). Effects of yogurt and bifidobacteria on gastrointestinal symptoms in lactose intolerance. Clinical Nutrition, 39(6), 1946–1953. https://doi.org/10.1016/j.
clnu.2019.08.027 - Misselwitz, B., Butter, M., Verbeke, K., & Fox, M. R. (2021). Update on lactose malabsorption and intolerance: pathogenesis, diagnosis and clinical management. Gut, 70(8), 1517–1526. https://doi.org/10.1136/
gutjnl-2020-322211 - Swallow, D. M. (2021). Genetics of lactase persistence and lactose intolerance. Annual Review of Genetics, 55, 1-23. https://doi.org/10.1146/
annurev-genet-071720-012406
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