Menopausia y masa muscular: qué dice de verdad la evidencia sobre estrógenos, terapia hormonal y entrenamiento de fuerza
Durante años se ha repetido incansablemente que la menopausia condena a la mujer a perder músculo y a dejar de progresar físicamente. Sin embargo, la evidencia actual no respalda esa visión tan simplista y negativa; a parte, he podido ver avance en clientas independientemente de la edad. La caída estrogénica influye en múltiples tejidos y síntomas, pero el entrenamiento de fuerza sigue siendo una herramienta central para preservar función, mejorar la fuerza y mantener una buena composición corporal.
La menopausia no supone un punto final para la mejora física de la mujer. Muchas llegan a esta etapa con la idea de que, a partir de cierto momento, el cuerpo deja de responder, el músculo se pierde sin remedio y cualquier esfuerzo sirve ya de poco o nada. Por suerte, la evidencia más reciente no respalda la visión de que la menopausia anule la capacidad de adaptación al entrenamiento de fuerza. De hecho, una revisión sistemática con metaanálisis publicada en 2026, que incluyó 126 estudios y 4.019 mujeres, mostró mejoras significativas de fuerza y composición corporal tanto en mujeres premenopáusicas como posmenopáusicas, con ganancias de fuerza muy similares entre grupos.
Qué cambia realmente en la menopausia
Esto no significa que la menopausia no tenga impacto, sino que ese impacto no debe interpretarse de forma tan dramática. La mujer posmenopáusica pese a estar en un contexto fisiológico distinto, no se convierte en un organismo incapaz de progresar. El descenso de estrógenos puede influir en síntomas vasomotores, calidad del sueño, dolor articular, rigidez, percepción de fatiga, tejido conectivo, distribución de la grasa corporal y salud ósea, y todo ello obviamente modifica la adherencia y la tolerancia al proceso de entrenamiento, aunque no invalide la respuesta adaptativa del músculo al estímulo mecánico.
Muchas mujeres siguen pudiendo mejorar fuerza, su masa magra y función física, pero lo hacen en un escenario poco óptimo dónde se duerme peor, se recupera peor o se sienten más molestias. En otras palabras, el problema no siempre es que el músculo deje de responder, sino que el contexto general puede volverse menos favorable si no se ajustan bien la programación, la recuperación y el manejo de los síntomas.
La evidencia actual permite afirmar con bastante seguridad que la menopausia no elimina la capacidad de mejora, pero tampoco motiva a decir que los estrógenos no importan en absoluto. Importan, aunque su papel práctico no sea el de una llave mágica anabólica que determine por sí sola el éxito o el fracaso del progreso físico.
Estrógenos, músculo y síntomas musculoesqueléticos
De hecho, una parte del error social sobre este tema nace de que muchas mujeres llegan a la perimenopausia o a la posmenopausia con muy pocos años de entrenamiento de fuerza realmente bien planteado. Han hecho ejercicio, sí, pero no siempre han seguido una progresión seria y suficientemente estimulante.
Han acumulado millones de horas de cardio, clases colectivas, rutinas a cual peor, cargas demasiado bajas… Cuando empiezan a entrenar bien en esta etapa, mejoran; porque no estamos viendo un cuerpo incapaz de mejorar por el déficit estrogénico, sino un cuerpo que nunca había recibido un buen estímulo de fuerza, diseñado como para desarrollar de verdad su potencial.
Wright et al. (2024) propusieron el concepto de «síndrome musculoesquelético de la menopausia» para describir un cuadro en el que se combinan dolor, rigidez, cambios en tejido conectivo, pérdida de densidad ósea y alteraciones en la percepción corporal y funcional. No se trata únicamente de si una mujer gana dos kilos más o menos de masa magra, sino de cómo se siente su cuerpo, cómo tolera la carga, cómo se recupera y hasta qué punto puede mantener un entrenamiento de calidad durante meses y años. Es una realidad diferente.
Terapia hormonal de reemplazo: útil, pero no anabólica
Otro punto importante es la terapia hormonal menopáusica. Aquí también hay bastante confusión y posturas contrarias. Por un lado, se presenta a veces como si fuese casi una solución para recuperar músculo. Por otro lado, se desprecia por completo. Ninguna de las dos posturas es seria o ideal.
El metaanálisis de Javed et al. (2019), que incluyó 12 ensayos clínicos aleatorizados y 4.474 mujeres posmenopáusicas, no encontró una asociación estadísticamente significativa entre la terapia hormonal basada en estrógenos y la preservación de masa magra. La diferencia media observada fue de apenas 0,06 kg y no fue significativa. Ese dato no respalda la idea de que la terapia hormonal de reemplazo sea una herramienta anabólica potente para construir o preservar masa muscular por sí sola.
Sin embargo, concluir a partir de ahí que la terapia hormonal no sirve para nada sería igual de simplista. El posicionamiento de The North American Menopause Society de 2022 mantiene que la terapia hormonal sigue siendo el tratamiento más eficaz para los síntomas vasomotores y el síndrome genitourinario de la menopausia, además de reconocer beneficios sobre la prevención de pérdida ósea y fractura en mujeres seleccionadas. Esto significa que la terapia hormonal de reemplazo puede mejorar el terreno sobre el que una mujer entrena, duerme, se recupera y se adhiere a un plan, aunque no deba venderse como si sustituyera al estímulo mecánico del entrenamiento de fuerza.
Este punto es fundamental a nivel práctico. Una mujer que duerme mal, que tiene sofocos nocturnos, niebla mental, dolor o fatiga no necesariamente progresa peor porque haya perdido su potencial muscular, sino porque su contexto fisiológico sabotea la continuidad del proceso. Si el tratamiento médico mejora ese contexto, el entrenamiento también puede rendir mejor. Por eso no tiene sentido enfrentar medicina y entrenamiento. En muchas ocasiones, el enfoque más inteligente es integrarlos. El entrenamiento de fuerza sigue siendo la base para mejorar fuerza, composición corporal y función, mientras que el tratamiento médico, cuando está indicado, puede facilitar que esa base se mantenga.
Qué dice la evidencia sobre el entrenamiento de fuerza
Respecto al entrenamiento, el mensaje es bastante claro y contundente. La mujer en menopausia sí puede mejorar con el entrenamiento de fuerza y debe hacerlo para mantener su calidad de vida de cara al futuro. La revisión de Sá et al. (2023) ya mostraba beneficios en mujeres posmenopáusicas, y la revisión con metaanálisis de González-Gálvez et al. (2024) confirmó mejoras en condición física y variables de composición corporal en mujeres posmenopáusicas sanas. La gran aportación de Isenmann et al. (2026) ha sido reforzar ese mensaje comparando la respuesta de mujeres premenopáusicas y posmenopáusicas a lo largo del ciclo vital, con resultados positivos.
Ahora bien, decir que la mujer puede seguir mejorando no implica que la programación deba ser idéntica a la de una mujer joven sin síntomas que afectan a su calidad de vida y descanso. La clave aquí no es entrenar menos por norma, sino entrenar con más precisión. La selección de ejercicios debe respetar la tolerancia articular y tendinosa de cada caso, el volumen debe ser recuperable, la progresión tiene que ser real y el descanso cobra aún más importancia. No todas las mujeres necesitarán el mismo reparto de frecuencia, intensidad o densidad de trabajo. Habrá casos en los que el principal problema no sea la intensidad del entrenamiento, sino la acumulación de fatiga derivada del mal descanso, del dolor o del estrés vital.
Cómo interpretar la menopausia sin caer en el fatalismo
En este sentido, resulta muy útil entender la menopausia como una etapa de mayor variabilidad fisiológica. Hay semanas en las que una mujer puede tolerar muy bien la carga y progresar con normalidad, y otras en las que necesita una dosificación más inteligente.
Las recomendaciones recientes insisten precisamente en la necesidad de promover un estilo de vida físicamente activo durante la perimenopausia y la posmenopausia, combinando ejercicio aeróbico, trabajo de fuerza y otras capacidades físicas, siempre adaptando frecuencia, intensidad y duración a la situación particular de cada mujer.
También conviene ampliar la conversación más allá del músculo como cuestión estética. En una mujer de mediana edad, preservar fuerza no solo significa verse mejor o mantener un porcentaje de grasa más favorable. Significa conservar autonomía, tolerar mejor la carga diaria, proteger hueso, reducir el riesgo de caídas y mantener una reserva funcional que condiciona la calidad de vida en décadas posteriores. Por eso, cuando se habla de masa muscular en menopausia, no debería hablarse solo de apariencia o de definición. Se está hablando de salud musculoesquelética, de capacidad funcional y de envejecimiento con mayor independencia.
Además, la composición corporal en menopausia no cambia solo por posibles alteraciones en la masa muscular. También suele modificarse la distribución de la grasa corporal, con una tendencia mayor a la adiposidad central. En ese contexto, el entrenamiento de fuerza vuelve a ser una herramienta estratégica porque ayuda a preservar tejido funcional, mejora la capacidad física y contribuye a mantener un entorno metabólico más favorable. Aunque no todas las mujeres experimenten grandes aumentos de masa muscular absoluta a corto plazo, el impacto clínico y funcional del trabajo de fuerza sigue siendo muy relevante.
Aplicación práctica para mujer peri y posmenopáusica
Por tanto, el mensaje correcto no es que la menopausia no cambie nada, porque sí cambia cosas importantes. Tampoco es que destruya inevitablemente el potencial muscular femenino, porque la evidencia actual no sostiene esa idea. Lo más exacto es decir que la transición menopáusica modifica el contexto en el que se produce la adaptación al entrenamiento, pero no anula la respuesta al estímulo de fuerza. La mujer puede seguir progresando, aunque quizá necesite una programación más inteligente, una recuperación mejor gestionada y, en algunos casos, apoyo médico para controlar síntomas que interfieren con su vida y con su entrenamiento.
La mala divulgación sobre menopausia suele fallar por exceso o por defecto. O convierte a la mujer en rehén de sus hormonas, o minimiza tanto los síntomas que termina invalidando su experiencia. La evidencia obliga a una posición más madura, más bonita. La terapia hormonal puede ser útil en mujeres seleccionadas para aliviar síntomas y proteger salud ósea, pero no reemplaza el entrenamiento. El entrenamiento de fuerza sigue siendo la mejor herramienta para preservar función, mejorar fuerza y apoyar una composición corporal más favorable. Y el descenso estrogénico puede influir en múltiples tejidos y síntomas, pero no justifica un discurso derrotista sobre el músculo femenino.
En la práctica, una mujer en perimenopausia o posmenopausia debería priorizar un entrenamiento de fuerza, bien planificado y sostenible, con suficiente estímulo para generar adaptación. También debería vigilar la ingesta proteica, el descanso, la disponibilidad energética, la salud ósea y el nivel de estrés. Y, cuando los síntomas sean importantes, valorar con un profesional médico si existe indicación de tratamiento hormonal u otras estrategias clínicas. No porque eso vaya a sustituir al trabajo físico, sino porque puede ayudar a crear un contexto más favorable para que ese trabajo produzca resultados.
Conclusión
La conclusión que deja hoy la literatura es clara: la menopausia no destruye la capacidad de una mujer para ganar fuerza ni convierte el desarrollo muscular en una causa perdida. Lo que cambia es el contexto, no el principio biológico de adaptación. La tarea no consiste en asustar a las mujeres ni en negar sus síntomas, sino en entrenarlas y acompañarlas mejor, tratarlas con más precisión y dejar de confundir cambio hormonal con incapacidad biológica. A parte, psicologicamente el entrenamiento es de muchísima ayuda para encontrarse mejor.
Bibliografía
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- González-Gálvez, N., Sainz de Baranda, P., Adsuar, J. C., et al. (2024). Resistance training effects on healthy postmenopausal women: A systematic review with meta-analysis. Menopause, 31(5), 531–545.
- Isenmann, E., et al. (2026). It’s never too late: The impact of resistance training on strength and body composition in females across the lifespan: A systematic review and meta-analysis. Journal of Science and Medicine in Sport.
- Javed, A. A., Mayhew, A. J., Shea, A. K., Raina, P., & Thabane, L. (2019). Association between hormone therapy and muscle mass in postmenopausal women: A systematic review and meta-analysis. JAMA Network Open, 2(8), e1910154.
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- Wright, V. J., et al. (2024). The musculoskeletal syndrome of menopause. Post Reproductive Health, 30(3), 142–149.
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